Cuentos populares
Cuentos populares —Ven un momento conmigo —dijo el conde y, tomando del brazo al joven, se lo llevó al pasillo.
Desde allí se oyeron distintamente sus palabras, a pesar de que hablaba con su voz habitual. Era tan potente que se le hubiera podido oír desde tres habitaciones más allá.
—¿Te has vuelto loco? ¿Acaso no vez que el de los lentes es un auténtico estafador?
—¡Qué cosas tienes! ¡Calla!
—¡No pienso callarme! ¡Te digo que no juegues más! En cualquier otra ocasión me daría igual que perdieras; hasta sería capaz de llevarme tu dinero. Pero en este momento, no sé por qué, me da lástima que te dejes engañar. ¡Con tal que el dinero no del Tesoro!
—¡No! ¿Cómo se te ocurren esas cosas?
—He recorrido un camino igual y conozco los procedimientos de los estafadores. Te aseguro que el de los lentes es un bandido. ¡No juegues más, por favor! Te lo pido como a un compañero.
—Sólo una partida, después lo dejaré…
—Sé perfectamente lo que esto significa; pero bueno, sea.
Volvieron a la mesa de juego. Ilin puso muchas cartas; y le mataron tantas, que perdió una cantidad considerable.
—¡Basta! ¡Vámonos! —exclamó Turbin, poniendo las manos en el centro de la mesa.