Cuentos populares
Cuentos populares —¡Te ruego que me dejes! —exclamó Ilin irritado, sin mirar al conde; y se puso a barajar las cartas.
—¡Que te lleve el diablo! Sigue perdiendo, ya que te gusta. Es hora de que me vaya. ¡Zavalshevsky, vamos a casa del marisca!
Ambos salieron de la habitación. Todos guardaron silencio y Lujnov no empezó a tallar hasta que hubieron dejado de oírse sus pasos y el rumor de las patas de Blucher en el pasillo.
—¡Qué cabezota! —exclamó el terrateniente, echándose a reír.
—Bueno, ahora no nos va a molestar ya —susurró, apresuradamente, el oficial de guarnición.
Y el juego prosiguió.