Cuentos populares
Cuentos populares La llegada del conde interrumpió la conversación. Todos lo saludaron. El comisario de PolicÃa le estrechó la mano con gran efusión, instándole a que fuera con él y con sus amigos, después del baile, a la nueva posada, donde iba a obsequiar a los nobles, y donde cantarÃan los gitanos. Turbin prometió que irÃa sin falta, y bebió con él varias copas de champaña.
—¿Por qué no bailan ustedes, señores? —preguntó, disponiéndose a salir del despacho.
—No somos bailarines —contestó el comisario de PolicÃa, echándose a reÃr—. Tenemos más afición al vino… Por otra parte, he visto crecer a todas estas señoritas. Claro que eso no me impide bailar una escocesa de cuando en cuando…
—Pues bailemos un poco antes de ir a escuchar a los gitanos —propuso Turbin.
—Bueno, vámonos, señores. Vamos a divertir al dueño de la casa.
Tres caballeros de rostros colorados, que habÃan estado bebiendo en el despacho desde que comenzara el baile, se pusieron guantes negros y se disponÃan a dirigirse a la sala acompañados de Turbin, cuando de pronto apareció el joven escrofuloso. Pálido y sin poder contener las lágrimas, retuvo al húsar.
—¡Se imagina que por ser conde puede dar codazos como en un mercado! —exclamó fuera de s×. Es una falta de educación…