Cuentos populares
Cuentos populares Cuando Stioshka daba una nota aguda, Iliushka se acercaba más a ella con la guitarra, y el joven apuesto exclamaba entusiasmado que cantaba «con bemoles».
Empezaron a ejecutar una pieza bailable. Moviendo los brazos y el pecho, Duniashka evolucionó ante Turbin, que se levantó de un salto, se quitó la guerrera y, quedando en mangas de camisa, se puso a dar vueltas al compás de la música. Realizó unos pasos tan complicados, que los gitanos se miraron sonriendo con aprobación.
El comisario de Policía se sentó al estilo turco; y, dándose un golpe en el pecho, gritó: «¡Viva!». Después, asiendo a Turbin por un pie, le dijo que, de sus dos mil rublos, le quedaban quinientos y que podía hacer lo que quisiera, siempre que se lo permitiera el conde. El padre de familia, que se había despertado, quiso marcharse; pero no lo dejaron. El joven apuesto suplicaba a una gitana que bailara un vals con él. Deseoso de hacer alarde de su amistad con Turbin, el oficial de caballería se levantó y fue a abrazarlo.
—Querido amigo, ¿por qué te fuiste y nos abandonaste? ¿Eh?
El conde guardaba silencio, sin duda pensando en otra cosa.
—¿Dónde has estado? ¡Eres un bribón! Yo sé adónde has ido…