Cuentos populares
Cuentos populares —Me parece que no me reconoce usted —dijo éste, mientras se acercaba a la mesa con pasos resueltos.
—¿Qué desea? —preguntó Lujnov, reconociendo a Turbin.
—Quiero jugar una partidita con usted —replicó el conde, sentándose en el diván.
—¿Ahora?
—SÃ.
—En otra ocasión, con mucho gusto; pero ahora estoy cansado. Me disponÃa a echar un sueñecito. ¿Quiere tomar una copa? Este vino es excelente.
—Lo que quiero es jugar.
—No tengo intención de jugar más por hoy. Tal vez encuentre a alguien que quiera jugar con usted; yo no estoy dispuesto. Le ruego que me perdone.
—Entonces, ¿no accede?
Con movimiento de hombros, Lujnov expresó que sentÃa no poder satisfacer el deseo del conde.
—¿No accede por nada del mundo?
Lujnov volvió a hacer el mismo gesto.
Reinó un silencio.
—¿Qué? ¿Se decide? —preguntó de nuevo el conde.
Reinó otro silencio. Lujnov echó una mirada por encima de sus lentes al rostro de Turbin, que empezaba a fruncir el ceño.