Cuentos populares
Cuentos populares —¿Va a jugar? ¿Sà o no? —gritó éste, con voz sonora, al tiempo que daba un puñetazo tan fuerte en la mesa que cayó la botella, derramándose el vino—. ¡Ha hecho trampa! ¿Accede a jugar conmigo? Se lo pregunto por centésima vez.
—Le he dicho que no, conde. Es extraño su proceder. Además, es incorrecto ponerle a una persona el puñal en el pecho —arguyó Lujnov, sin levantar la vista.
A estas palabras siguió un breve silencio, durante el cual sintió un terrible golpe en la cabeza. Al desplomarse sobre el diván, se esforzó en coger el dinero de la mesa y empezó a gritar desaforadamente. Nadie hubiera podido esperar que fuese capaz de gritar asà ese hombre sereno y grave. Turbin recogió el dinero que quedaba y, tras de empujar al criado que habÃa acudido para auxiliar a su amo, abandonó la estancia con pasos rápidos.
—Si quiere una satisfacción, estoy dispuesto a dársela. Estaré en mi cuarto media hora —exclamó, volviendo a la puerta.
—¡Bandido! ¡Ladrón! —gritó una voz desde dentro—. ¡Mandaré que lo detengan!