Cuentos populares
Cuentos populares —Te has confundido, querida mamá —exclamó, cambiando las cartas de sitio—. DebÃas haberlas puesto asÃ. Pero no te preocupes; de todas formas se cumplirá lo que has pensado —añadió mientras quitaba una carta con disimulo.
—Siempre me engañas…
—Nada de eso. Te aseguro que se cumplirá. Ha salido bien.
—Bueno, bueno, zalamera. ¿No es hora de tomar el té?
—Ya he mandado que preparen el samovar. Voy a ver. ¿Lo sirvo aquÃ…? Pimochka, termina pronto tus deberes para que vayamos acorrer un poco.
Tras de decir esto, Liza abandonó la estancia.
—¡Lizochka! ¡Lizochka! —exclamó el tÃo mirando fijamente su labor—. Me parece que me vuelto a equivocar. Haz el favor de ayudarme, querida.
—Ahora voy, ahora voy. Sólo voy a sacar el azúcar para que lo partan.
Al cabo de tres minutos aproximadamente, la muchacha entró corriendo en la habitación y, acercándose a su tÃo, le tiró de una oreja.
—¡Ahà tienes! ¡Para que no vuelvas a equivocarte! —dijo, echándose a reÃr.
—¡Basta! ¡Basta! Arréglame esto, por favor. Aquà se ha hecho un nudito.