Cuentos populares
Cuentos populares Era evidente que aquella agradable estancia había ejercido buena influencia sobre la disposición de ánimo del conde. Sonriendo alegremente, gastó una chanza a Ustiushka, que se permitió llamarlo bromista. Turbin le preguntó si era guapa su señorita y cuando la doncella le ofreció té, le dijo que no vendrá mal y que, como aún no les habían preparado la cena, le gustaría tomar un poco de vodka, una zakuska y una copita de jerez si lo tenían.
El antiguo oficial de caballería, entusiasmado con la cortesía de Turbin, puso por las nubes a los nuevos oficiales, diciendo que eran infinitamente superiores a los de la generación anterior. Ana Fiodorovna no estaba de acuerdo, no podía haber nadie mejor en el mundo que el difunto conde. Y hasta se enfadó, observando con sequedad:
—Para ti el mejor es el que te ha tratado bien el último. Ya se sabe que actualmente la gente es más lista. Pero Fiador Ivanovich Turbin bailaba la escocesa con tal perfección y era tan amable, que todos estaban locos por él. Sin embargo, él no se interesó por nadie, excepto por mí. ¡También entonces había gente buena!
En aquel momento se enteraron de que los oficiales pedían vodka, zakuska y jerez.