Cuentos populares
Cuentos populares El antiguo oficial de caballerÃa estaba seguro de que el conde no se negarÃa a aceptar la invitación, pues era muy campechano. Dijo que no tardarÃa en traer a los oficiales. Ana Fiodorovna fue a cambiarse de vestido y a ponerse una cofia nueva. Liza, en cambio, estaba tan atareada que no le dio tiempo a cambiar por otro el vestido rosa de hilo de mangas anchas que llevaba. Además, se sentÃa muy alterada: le parecÃa que la esperaba algo extraordinario. Era como si se cerniera por encima de su alma una nube negra. Este arrogante húsar se le figuraba como un ser nuevo e incomprensible, pero encantador. Su carácter, sus costumbres y sus palabras debÃan de ser extraordinarios. Todo lo que pensara y dijera tendrÃa que ser sensato y verÃdico; todo lo que hiciera, honrado; y su aspecto debÃa de ser encantador, no dudaba de ello. Si en lugar de pedir zakuska y jerez, hubiese pedido un baño de salvia perfumado, no se hubiera sorprendido, ni lo hubiera censurado, persuadida de que debÃa ser asÃ.
El conde accedió, apenas el antiguo oficial de caballerÃa le hubo expuesto el deseo de su hermana. Se peinó, se puso la guerrera y encendió un cigarro.
—Vamos —dijo a Polozov.
—Mejor es no aceptar esa invitación, harán gastos para recibirnos.