Cuentos populares
Cuentos populares —¡Qué vista tan maravillosa! Pero me figuro que a usted debe de aburrirle ya —añadió, porque tenía tendencia a decir cosas ligeramente desagradables a las personas que le gustaban mucho.
—¿Por qué lo cree? La comida y los trajes iguales aburren; pero no un hermoso jardín si a uno le gusta pasear, sobre todo en las noches de luna. Desde esta habitación, se ve el estanque. Hoy podré contemplarlo.
—Parece que no hay ruiseñores —dijo Turbin, descontento porque Polozov le había impedido enterarse de las condiciones formales de la cita.
—Siempre los ha habido; pero el año pasado los cazadores cogieron uno y, desde entonces, no se los oye cantar. La semana pasada empezaron a cantar de nuevo; luego, los asustaron los cascabeles de un coche… Hace tres años, mi tío y yo solíamos escucharlos, sentados en alguna alameda, durante horas enteras.
—¿Qué les está contando esta charlatana? —preguntó el antiguo oficial de caballería, acercándose—. ¿Quieren pasar a cenar?