Cuentos populares
Cuentos populares Después de la cena —durante la cual el conde logró disipar un poco el mal humor de la dueña de la casa, gracias a su buen apetito y las alabanzas que dispensó a los platos— los oficiales se despidieron para retirarse a su habitación. Turbin estrechó la mano del antiguo oficial de caballerÃa, la de Ana Fiodorovna —que no besó, con gran extrañeza suya— e incluso la de Liza, a la que miró a los ojos con una simpática sonrisa imperceptible.
«Es muy apuesto, pero está demasiado pendiente de su persona», pensó la muchacha.