Cuentos populares
Cuentos populares —¿Quieres que te cuente lo ocurrido?
—¿Qué dices?
—No; es mejor que no lo hagas… O bueno, sÃ… ¡Aparta las piernas!
Ya no le importaba haber fracasado en aquella pequeña aventura amorosa. Risueño, se sentó en la cama de su compañero.
—Figúrate que esa señorita me dio un rendez-vous…
—¿Es posible? —exclamó Polozov, sentándose de un salto—. Pero ¿cómo? ¿Cuándo? No puede ser.
—Mientras estábais contando las ganancias del juego, me dijo que se quedarÃa por la noche, junto a la ventana, y que se podÃa entrar por ella en la habitación. FÃjate bien lo que significa ser un hombre práctico. Mientras la vieja y tú hacÃais cuentas, me las he arreglado para conseguir eso. Además, tú mismo lo has oÃdo; dijo, delante de ti, que se sentarÃa junto a la ventana para contemplar el estanque.
—SÃ; eso lo oÃ.
—Lo que ignoro es si lo hizo sin más ni más o con alguna intención. Tal vez sus palabras no fueron intencionadas; pero lo parecÃan, y el resultado ha sido bastante extraño. Me he portado como un verdadero estúpido —declaró Turbin, con una sonrisa despectiva.
—Bueno, pero ¿dónde has estado?