Cuentos populares
Cuentos populares Turbin contó lo que había ocurrido, omitiendo tan sólo sus repetidas indecisiones.
—Lo he echado todo a perder por mi culpa: debí haber sido más atrevido. Liza dio un grito y se escapó.
—Entonces ¿ha dado un grito y se ha escapado? —repitió el corneta, correspondiendo con una sonrisa molesta a la del conde.
—Sí. Bueno, es hora de dormir.
Polozov se acostó de espaldas a la puerta y permaneció así unos diez minutos. Sólo Dios sabe lo que ocurriría en su alma; pero, cuando se volvió, su atormentado rostro expresaba decisión.
—¡Conde Turbin! —exclamó, con voz entrecortada.
—¿Deliras o qué te pasa? —replicó Turbin tranquilamente—. ¿Qué desea, corneta Polozov?
—Conde Turbin, ¡es usted un canalla! —vociferó Polozov, levantándose de un salto.