Cuentos populares
Cuentos populares A las siete de la tarde, cubiertos de polvo y cansados, penetramos por las amplias puertas fortificadas de la fortaleza de N***. El sol se ponía, arrojando sus oblicuos rayos rosados sobre las pintorescas baterías y sobre los jardines que, con sus altas verjas, rodeaban la fortaleza, sobre los amarillentos campos sembrados y sobre las blancas nubes que agolpadas junto a la montañas cubiertas de nieve parecían imitarlas, formando una cadena no menos fantástica y hermosa. La luna nueva se divisaba en el horizonte como una nubecilla transparente. En la aldea situada junto a las puertas de la fortaleza, un tártaro, subido en el tejado de una cabaña, llamaba a los fieles a la oración; los cantores cantaban con nuevo entusiasmo y energía.