Cuentos populares
Cuentos populares Todos desaparecieron en el bosque… Al cabo de algunos minutos de griterÃo y de traqueteo, salió del bosque un caballo desbocado y aparecieron en la linde soldados que traÃan muertos y heridos. Entre estos últimos se hallaba el joven alférez. Los soldados lo llevaban por los brazos. Estaba pálido como el lienzo, y su hermosa cabeza, en la que sólo quedaba una sombra de aquel entusiasmo marcial que lo animaba un momento antes, se habÃa hundido de un modo extraño entre los hombros y se inclinaba hacia el pecho. En su camisa blanca, que la guerrera desabrochada dejaba al descubierto, se veÃa una manchita de sangre.
—¡Oh! ¡Qué pena! —exclamé volviéndome, sin querer, para no ver ese triste espectáculo.
—Desde luego es una pena —asintió un soldado viejo, que permanecÃa junto a mà con aire sombrÃo y apoyado en su fusil—. No tenÃa miedo a nada. ¡Eso era una locura! —añadió, mirando fijamente al herido—. Era un novato y lo ha pagado.
—¿Acaso tú tienes miedo? —pregunté.
—¡Desde luego!