Cuentos populares
Cuentos populares —Nos falta un soldado, Nikolai Petrovich —dijo una figura negra que se acercaba a mÃ; sólo por la voz reconocà que era Maximov, el polvorista del destacamento.
—¿Quién es?
—Velenchuk. Mientras enganchaban lo he visto por aquÃ, pero ahora no está.
Como no era probable que la columna se pusiera en marcha en seguida, decidimos mandar al cabo Antonov en busca de Velenchik. Poco después, pasaron trotando junto a nosotros en la oscuridad varios jinetes: era el jefe con su séquito. Acto seguido se puso en marcha la cabeza de la columna y, finalmente, también nosotros. Antonov y Velenchik no aparecÃan. Pero no habÃamos recorrido aún cien pasos cuando ambos soldados nos alcanzaron.
—¿Dónde estaba? —le pregunté a Antonov.
—Durmiendo en el parque.
—¿Está borracho?
—No.
—¿Cómo ha podido quedarse dormido, pues?
—No lo sé.