El Evangelio abreviado

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La vida carnal es una responsabilidad que recibimos ajena a nosotros, es la riqueza ilusoria que debemos utilizar para recibir nuestra verdadera riqueza.

Si en casa de un hombre rico vive un administrador y sabe que por mucho que sirva a su amo éste le pedirá cuentas y le dejará sin nada, el administrador actuará astutamente: mientras administra la riqueza ajena, hará el bien a los hombres. Así, cuando su amo lo despida, aquellos a los que ha hecho el bien lo acogerán y le darán de comer. Lo mismo tienen que hacer los hombres con su vida carnal. La vida carnal es la riqueza ajena que administran sólo temporalmente. Si usan bien esta riqueza ajena, recibirán la suya verdadera.

Si no entregamos nuestros falsos bienes, no se nos darán los verdaderos. No se puede servir simultáneamente a la falsa vida de la carne y al espíritu; hay que servir a uno o a otro. No se puede servir a la riqueza y a Dios. Lo que es grande ante los hombres, es mezquino ante Dios. Ante Dios la riqueza es un mal. El rico es culpable porque come mucho y muy exquisito mientras ante su puerta los pobres pasan hambre. Y todos los hombres saben que no dar los bienes a los demás incumple la voluntad del padre».


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