El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Es más, incluso si un hombre quiere creer en la doctrina de la Iglesia tal como ésta es enseñada, tanto la alfabetización como la difusión de los Evangelios y el contacto entre personas de distintas confesiones, suponen un obstáculo aún más insalvable. Porque en cuanto una persona se compra un Evangelio por tres kópeks y lee las palabras de Cristo, sumamente claras y que no se prestan a ninguna interpretación errónea, como por ejemplo las que le dijo a la samaritana acerca de que el Padre no necesita hombres que le rindan culto en Jerusalén o en tal o cual montaña, sino hombres que le rindan culto en espíritu y en verdad; o las palabras acerca de que el cristiano no debe rezar como el pagano, en los templos y a la vista de todos, sino en secreto, es decir, en su intimidad; o que un discípulo de Cristo no debe llamar «padre» ni «maestro» a nadie; en cuanto se leen estas palabras, uno se convence de que ninguno de los pastores espirituales, que se denominan a sí mismos «maestros,» contraviniendo las enseñanzas de Cristo, y que no dejan de discutir unos con otros, no constituyen autoridad religiosa alguna, y que aquello que nos enseña la Iglesia no es el cristianismo. Y no sólo esto: si un hombre de nuestro tiempo siguiera creyendo en los milagros y no leyera los Evangelios, un simple contacto con personas de otras confesiones y religiones —que tan fácil ha devenido en la actualidad— haría que esa persona dudara de la autenticidad de su religión. Bien podía el hombre que nunca tuvo contacto con gente de otras confesiones que no fueran la suya creer que ésta era la única verdadera; pero en cuanto una persona pensante tropieza, como hoy en día ocurre continuamente, con personas igual de bondadosas o malvadas de distintas confesiones que condenan las creencias de los otros, empieza a dudar de la autenticidad de sus propias creencias. Hoy en día, sólo una persona absolutamente ignorante o indiferente a las cuestiones de la vida, a las cuales se consagra la religión, puede permanecer en la fe de la Iglesia.