El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros El obrero de nuestro tiempo —aun en el caso de que su trabajo fuera mucho menos duro que el del esclavo de la Antigüedad—, aunque lograra una jornada laboral de ocho horas y una paga de tres dólares al dÃa, no dejarÃa de sufrir, porque al manufacturar objetos que él no va a poder disfrutar, y al trabajar no para sà mismo y por propia voluntad, sino por necesidad, para contribuir a los caprichos de otras personas que viven entre el lujo y la ociosidad y, en concreto, a las ganancias de un ricachón o del propietario de una fábrica, sabe que todo esto sucede en un mundo donde no sólo se reconoce la teorÃa económica, según la cual sólo el trabajo constituye la riqueza y el uso del trabajo ajeno es una injusticia y una ilegitimidad que deberÃa ser castigada con la ley, sino también donde se profesa la doctrina de Cristo, según la cual todos somos hermanos y nuestra dignidad y mérito residen en servir al prójimo, pero no en ser explotados por él.