El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Es consciente de todo esto y no puede evitar atormentarse por esta inadmisible contradicción entre lo que debería ser y lo que es. «Según todos los principios y según lo que todo el mundo profesa —se dice el obrero—, yo debería ser libre, igual a todos los hombres, querido; en cambio soy un esclavo, soy humillado y odiado». Y él mismo siente odio y busca el medio de salir de esta situación, de derrocar al enemigo que le tiene dominado y sentarse encima de él. Hay quien dice: «Los obreros no tienen razón en querer ocupar el lugar de los capitalistas, ni en que los pobres ocupen el de los ricos». Pero esto no es justo; los obreros y los pobres no tendrían razón si pretendieran conseguir esto en un mundo en el que Dios hubiera establecido una división entre amos y esclavos, ricos y pobres, sin embargo, lo pretenden en un mundo donde se profesa la doctrina del Evangelio, que establece en primer lugar que todos somos hijos de Dios, y por tanto hermanos e iguales los unos a los otros. Y no se puede ocultar —por más que algunos lo intenten— que una de las condiciones fundamentales de toda vida cristiana es el amor, y no en palabras sino en hechos.