El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Ante el edificio del vólost[47] estaban las tropas, un destacamento de guardias con revólveres colgados de cordones rojos, un grupo de representantes de los campesinos y todos los acusados. Alrededor se agolpaba un gentío de mil personas o más. El gobernador llegó, descendió de su carruaje, pronunció un discurso preparado de antemano y ordenó que acercaran a los culpables y trajeran un banco. Nadie comprendía esta orden, pero un guardia al que el gobernador siempre llevaba consigo, y que se ocupaba de organizar las torturas que continuamente se llevaban a cabo en la provincia, explicó que se estaba refiriendo a un banco para azotar a los acusados. Trajeron el banco y los azotes que habían transportado hasta el lugar, e hicieron llamar a los verdugos. Éstos habían sido escogidos entre un grupo de cuatreros del mismo pueblo, puesto que los soldados se negaban a realizar este cometido.
Cuando todo estuvo preparado, el presidente del zemstvo mandó salir al primero de los doce hombres, señalados por el terrateniente como los más culpables de todo lo sucedido. El primero en salir era un padre de familia, un hombre de cuarenta años muy respetado por los aldeanos por luchar con gran valentía en favor de los derechos de la comunidad. Lo condujeron al banco, lo desnudaron y le ordenaron que se estirara.