El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Esto se realiza públicamente, y nadie salta y grita a los que engañan ni a los engañados: «¡Reflexionad y marcharos, porque estáis ante una mentira repugnante y pérfida que destruirá no sólo vuestros cuerpos, sino también vuestras almas!».
Nadie hace esto; al contrario, como si se tratara de una burla hacia ellos, cuando ya han sido admitidos, un jefe militar entra con presunción y majestuosidad en la habitación donde los muchachos, engañados y borrachos, están encerrados, y les grita audazmente a la manera soldadesca: «¡Saludos, soldados! Os felicito por estar al servicio del zar». Y los pobres (alguien ya les ha enseñado) barbotean con su voz medio embriagada algo insólito que viene a significar que están contentos por ello.