Guerra y Paz
Guerra y Paz He soñado que caminaba en tinieblas y, de pronto, me vi rodeado de perros. Pero yo caminaba sin temor. Poco después, un perro pequeño me clava los dientes en el muslo izquierdo y no me suelta. Intento ahogarlo con las manos, pero cuando consigo liberarme de él se me echa encima otro perro mayor, que me muerde. Lo levanto, pero a medida que lo hago, el perro se hace más pesado y más grande. Y de pronto, el hermano A. me coge del brazo y me conduce a un edificio para llegar al cual debo pasar por una tabla muy estrecha. Cuando pongo el pie en la tabla, ésta se comba y cae; pretendo subir a una valla a la que apenas llego con las manos. Tras grandes esfuerzos, consigo subir de manera que mis piernas cuelgan en el aire por una parte y el cuerpo por otra. Miro y veo al hermano A., de pie en la valla, que me señala una amplia avenida y un jardín, donde se levanta un edificio hermoso. Entonces me desperté. ¡Oh Dios, Gran Arquitecto de la Naturaleza! Ayúdame a separar de mí a los perros, mis pasiones, y a la última de ellas, que reúne en sí la fuerza de todas las demás. Ayúdame a entrar en el templo de la virtud que he contemplado en sueños.
7 de diciembre