Guerra y Paz
Guerra y Paz Berg sonrió, ruborizándose.
—También yo la amo porque tiene muy buen carácter, es muy juiciosa. Su hermana, en cambio, siendo de la misma familia, es todo lo contrario: posee un carácter desagradable, carece de inteligencia… y, además, ¿sabe?… ¿cómo le diría?… No es una persona agradable… En cambio, mi novia… Bueno ya vendrá a casa…— continuó Berg. Quería añadir “a comer”, pero reflexionó y dijo: “a tomar el té”, y con un rápido movimiento de la lengua dejó salir una pequeña espiral de humo que parecía resumir totalmente su ideal de felicidad.