Guerra y Paz

Guerra y Paz

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Los galgos se lanzaron en su persecución desde las alturas; otros acudían desde todas partes. Los cazadores encargados de las jaurías detuvieron a sus animales, mientras que los encargados de los galgos azuzaban a los suyos. El impasible Ilaguin, Nikolái, Natasha y su tío se lanzaron al galope sin saber adonde, procurando no perder de vista a los perros y a la liebre, vieja y rápida, que corría a pequeños saltos, atenta a los gritos y ruidos que de todas partes le llegaban. Saltó unas cuantas veces, un poco perezosa al principio, dejando que los perros se acercaran y, por último, tras haber elegido bien la dirección y comprendiendo el peligro que se le venía encima, bajó las orejas y salió disparada a increíble velocidad. Iba por un sembrado, pero más allá había un terreno de malezas encharcadas. Los dos perros del cazador que había sido el primero en ver la liebre eran los más próximos y se lanzaron en su persecución. Pero aún se encontraban lejos cuando apareció la roja Erza de Ilaguin, que llegó a la altura de la liebre y, creyendo poder hacer presa en la cola, dio un salto en falso y salió rodando. La liebre enarcó el espinazo y siguió más veloz todavía. Tras Erza saltó la negra y ancha Milka, aproximándose veloz a la liebre.

—Milushka, preciosa— se oyó la voz triunfante de Nikolái.


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