Guerra y Paz
Guerra y Paz El conde Iliá Andréievich habÃa renunciado a su cargo de mariscal de la nobleza porque le imponÃa demasiados gastos; pero la situación no mejoraba. Con frecuencia, Natasha y Nikolái sorprendÃan conversaciones secretas e inquietantes de sus padres y oÃan hablar de la venta de la rica casa patrimonial de los Rostov y de otras propiedades en las cercanÃas de Moscú. El conde ya no era mariscal de la nobleza ni estaba obligado a grandes recepciones, y la vida en Otrádnoie era más modesta que en años precedentes. Pero la enorme casa de campo y los pabellones estaban siempre llenos de gente y más de veinte personas se sentaban cada dÃa a la mesa. Todos vivÃan desde hacÃa tiempo con la familia, unos casi como miembros de ella y otros porque se consideraba que debÃan vivir en la casa del conde. Tal era el caso de Dimmler, el músico, y su mujer; Vogel, maestro de baile, con su familia; la vieja señorita Bielova y tantos otros; los profesores de Petia, la antigua institutriz de las señoritas y simplemente algunos que creÃan mejor y más conveniente vivir a expensas del conde que en su casa. No se daban ya las grandes recepciones de antes, pero en la casa se mantenÃa el tren de siempre, un tren sin el cual los condes no podÃan imaginarse la vida. SubsistÃan las partidas de caza, acrecentadas desde la vuelta de Nikolái; subsistÃan los quince cocheros y los cincuenta caballos, los valiosos regalos para las onomásticas y otras solemnidades, las comidas de gala para todo el distrito, las partidas de whist y de boston, en las que el conde, permitiendo que vieran sus cartas, se dejaba ganar todos los dÃas cientos de rublos, por lo cual los vecinos juzgaban las partidas de juego con él como la renta más lucrativa y saneada.