Guerra y Paz
Guerra y Paz Los condes no volvieron a hablar de ese matrimonio con su hijo; pero al cabo de unos días la condesa llamó a Sonia y, con una crueldad que ninguna de las dos esperaba, reprochó a la sobrina su ingratitud y el haber atraído a su hijo valiéndose de todos los medios. Sonia escuchó con los ojos bajos las crueles palabras de la condesa, sin comprender qué era lo que se exigía de ella. Estaba dispuesta a sacrificarlo todo por sus bienhechores; la idea del sacrificio era su pensamiento favorito, pero en aquel caso concreto no llegaba a comprender por quién y cómo debía sacrificarse. No podía dejar de amar a la condesa y a toda la familia Rostov, pero le era igualmente imposible dejar de amar a Nikolái, sabiendo que la felicidad de él dependía de ese amor. Permanecía silenciosa y triste, sin contestar nada. Nikolái no pudo soportar por más tiempo aquel estado de cosas y fue a hablar con su madre.
Tan pronto le suplicaba que los perdonara a él y a Sonia y que consintiera en su matrimonio como amenazaba con casarse sin esperar más, secretamente, si se perseguía a la muchacha. La condesa, con una frialdad que su hijo no había visto nunca en ella, respondió que ya era mayor de edad, que el príncipe Andréi se casaba sin el consentimiento de su padre y que él podía hacer otro tanto, pero que ella no reconocería a esa intrigante por hija.