Guerra y Paz
Guerra y Paz Enfurecido al oÃr tratar de intrigante a Sonia, Nikolái levantó la voz y dijo a su madre que nunca habrÃa pensado que le forzara a vender su cariño y que, si sucedÃa asÃ, por última vez decÃa… Pero no tuvo tiempo de pronunciar la palabra decisiva, que su madre esperaba (a juzgar por su expresión) con verdadero terror y que tal vez habrÃa quedado entre ellos como un cruel recuerdo. No pudo pronunciarla porque Natasha, pálida y grave, entró por la puerta tras la cual habÃa estado escuchando.
—Nikóleñka, no digas tonterÃas, ¡cállate, cállate! ¡Te digo que te calles!— casi gritaba… para ahogar la voz de su hermano. —¡Mamá, querida… no es asÃ!… Mamita, pobre— cita— dijo a su madre que, sintiéndose al borde de la ruptura, miraba asustada al hijo pero que, por obstinación o excitada por el altercado, no querÃa ni podÃa ceder. —Vete, Nikóleñka, yo se lo explicaré; tú vete… Y usted, mamá, querida, escúcheme, deje que le hable.
Sus palabras no tenÃan sentido, pero obtuvieron el resultado que Natasha apetecÃa.
La condesa, sollozando, ocultó el rostro en el pecho de su hija. Nikolái se levantó y salió de la habitación llevándose las manos a la cabeza.