Guerra y Paz
Guerra y Paz —Ma délicieuse! Cómo se ruboriza— dijo Elena. —Venga sin falta. Si vous aimez quelqu'un, ma délicieuse, ce n'est pas une raison pour se cloîtrer. Si même vous êtes promise je suis sûre que votre promis aurait désiré que vous alliez dans le monde en son absence plutôt que de dépérir d'ennui.[329]
“Sabe, pues, que estoy prometida, es decir, que ha hablado de eso con su marido, con Pierre, que es tan justo —pensó Natasha—. Habrán hablado y se habrán reÃdo. Es decir, que no tiene importancia.†Y de nuevo, bajo la influencia de Elena, lo que antes le parecÃa terrible ahora se volvió sencillo y natural. “Y ella, tan grande dame y tan agradable, me quiere de veras. ¿Por qué no voy a divertirme?â€, siguió pensando, mirando a Elena con los ojos muy abiertos.
MarÃa DmÃtrievna volvió a la hora de la comida, taciturna y seria; era evidente que habÃa sufrido una derrota en casa del prÃncipe Bolkonski. Estaba demasiado alterada después del choque para contar lo ocurrido con tranquilidad. A las preguntas del conde, replicó que todo habÃa ido bien y que se lo contarÃa al dÃa siguiente. Cuando supo la visita de la condesa Bezújov y su invitación, MarÃa DmÃtrievna dijo:
—No me gusta la amistad de la Bezújov y no te la aconsejo; pero si lo has prometido— y se volvió a Natasha, —ve, distráete.