Guerra y Paz
Guerra y Paz El conde Iliá Andréievich llevó a las dos jóvenes a casa de la condesa Bezújov. Había bastante gente reunida, pero Natasha no conocía a casi nadie. El conde Iliá Andréievich advirtió con disgusto que casi todos eran personas conocidas por su libertad de costumbres. Mademoiselle Georges, rodeada de un grupo de jóvenes, estaba en un rincón de la sala. Había algunos franceses, y entre ellos Métivier, que desde la llegada de Elena era íntimo de la casa. El conde Iliá Andréievich decidió no jugar a las cartas, para no separarse de su hija y de Sonia, y marchar en cuanto terminara el recital de Georges.
Anatole rondaba la entrada, esperando sin duda a los Rostov. Saludó inmediatamente al conde, se acercó a Natasha y la siguió. En cuanto Natasha lo vio le asaltó la orgullosa satisfacción de gustarle y miedo por la ausencia de barreras morales entre ellos. Elena acogió cariñosamente a Natasha, con grandes alabanzas en voz alta para ella y su vestido. Poco después, mademoiselle Georges se retiró para vestirse. Se colocaron convenientemente las sillas y todos tomaron asiento. Anatole acercó una silla a Natasha y quiso sentarse a su lado, pero el conde, que no separaba los ojos de su hija, se acomodó al lado de ella. Anatole se colocó detrás.