Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿Y qué? ¿Qué te ha dicho? ¡Qué contenta estoy, Natasha, de que no te hayas enfadado conmigo! Dímelo todo, toda la verdad: ¿qué te ha dicho?
Natasha quedó pensativa.
—¡Oh, Sonia, si tú lo conocieras como yo! Me ha dicho… me ha preguntado por mi compromiso con Bolkonski. Y se alegró de que sólo de mí dependiera romper.
Sonia suspiró tristemente.
—Pero no has roto con Bolkonski, ¿verdad?— preguntó.
—Tal vez. Quizá lo haya hecho ya. Puede ser que todo haya terminado entre Bolkonski y yo. ¿Por qué piensas tan mal de mí?
—Yo no pienso nada, únicamente no entiendo…
—Escucha, Sonia: lo entenderás todo. Verás cómo es él. No pienses mal de mí ni de él.
—No pienso mal de nadie. Quiero y compadezco a todos, pero ¿qué debo hacer?
Sonia no cedía al tono dulce con que Natasha le hablaba. Cuanto más tierna era la expresión de Natasha, más severo y serio se volvía el rostro de Sonia.
—Natasha— dijo por fin, —me habías rogado que no te hablase de eso y no lo hice; ahora eres tú la que has empezado. Natasha, no puedo confiar en ese hombre. ¿Por qué tanto misterio?
—¡Otra vez!— interrumpió Natasha.
—Temo por ti.