Guerra y Paz

Guerra y Paz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—André, una cosa te pido, te suplico— dijo tocando el brazo de su hermano y mirándolo con sus ojos resplandecientes a través de las lágrimas. —Te comprendo bien— y bajó los ojos. —No creas que el dolor viene de los hombres; ellos no son más que un instrumento de Dios— miró con seguridad algo por encima del príncipe Andréi, de la manera como se mira hacia un lugar conocido donde hay un retrato. —El dolor nos lo envía Dios, no es culpa de los hombres. Los hombres no son más que un instrumento; no son culpables. Si te parece que alguno es culpable ante ti, olvídalo y perdona. No tenemos el derecho de castigar, y entonces comprenderás la felicidad que hay en el perdón.

—Si yo, Marie, fuese mujer, lo haría— dijo él. —Es una virtud de mujeres. El hombre no puede ni debe olvidar y perdonar.

Y aunque hasta aquel momento no pensaba en Kuraguin, toda la ira no descargada reviviĂł.

“Si la princesa María procura convencerme de que perdone, significa que hace tiempo debía haber castigado”, pensó. Y sin contestar a su hermana imaginó, con malévola alegría, el feliz instante de su encuentro con Kuraguin, de quien sabía que se hallaba en el ejército.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker