Guerra y Paz
Guerra y Paz En cuanto el prÃncipe Andréi dejó sus ocupaciones diarias, y, sobre todo, cuando volvió a la vida anterior, cuando era feliz, la angustia vital se apoderó de él con la fuerza de siempre; tenÃa prisa por alejarse cuanto antes de esos recuerdos y encontrar una ocupación cualquiera.
—¿Decididamente te vas, Andréi?— le preguntó su hermana.
—SÃ, y doy gracias a Dios de poder hacerlo— contestó, —y lamento mucho que tú no puedas.
—¿Por qué dices eso? ¿Por qué lo dices ahora cuando te vas a esa horrible guerra y él es ya tan viejo? Mademoiselle Bourienne dijo que ha preguntado por ti…
En cuanto comenzó a hablar, le temblaron los labios y las lágrimas brotaron de sus ojos. El hermano se apartó de ella y comenzó a pasear de un lado a otro.
—¡Ah, Dios mÃo! ¡Dios mÃo! ¡Y pensar que seres que nada valen pueden hacer desgraciados a otros!— dijo con una rabia que asustó a la princesa MarÃa.
Comprendió que no se referÃa sólo a mademoiselle Bourienne (que era la culpable de su desgracia), sino también al hombre que habÃa destruido la suya.