Guerra y Paz
Guerra y Paz La consolaba pensar que no era mejor que los demĂĄs âcomo antes habĂa imaginadoâ, sino peor, mucho peor de cuantos existĂan. Pero no le bastaba; lo sabĂa y no dejaba de preguntarse: âÂżQuĂ© mĂĄs? ÂżY despuĂ©s?â. Y despuĂ©s no habĂa nada. No sentĂa la alegrĂa de vivir, pero la vida seguĂa su curso. Se esforzaba en no ser una carga para los demĂĄs, en no molestar a nadie; para sĂ misma no necesitaba nada. Se alejaba de los suyos y sĂłlo con Petia se encontraba a gusto. SentĂa mĂĄs placer a su lado que con los demĂĄs; llegaba a reĂr al hallarse con Ă©l a solas. Apenas salĂa, y, de los visitantes que acudĂan a su casa, el Ășnico que la alegraba era Pierre. ParecĂa imposible proceder con mayor delicadeza, atenciĂłn y cuidado de como lo hacĂa el conde BezĂșjov. Natasha percibĂa esa ternura un poco inconscientemente; por eso hallaba un gran placer en su compañĂa. Sin embargo, esa delicadeza no despertaba en ella agradecimiento; en las bondades de Pierre no parecĂa adivinar esfuerzo alguno: era tan natural que fuera bueno que eso no tenĂa ningĂșn mĂ©rito. A veces Natasha notaba que Pierre estaba cohibido y turbado en su presencia, sobre todo cuando temĂa evocar recuerdos penosos. Natasha se daba cuenta de ello, pero atribuĂa aquel embarazo a la bondad natural de Pierre y a su timidez; que Ă©l, segĂșn pensaba, serĂa igual con los demĂĄs que con ella. Desde que involuntariamente dijera que, de haber sido un hombre libre, habrĂa pedido de rodillas su mano y su amor, palabras pronunciadas en un momento de tan intensa emociĂłn para ella, Pierre no habĂa vuelto a expresar sus sentimientos a Natasha. Le parecĂa que aquellas palabras, que tanto consuelo le trajeron entonces, habĂan sido dichas sin propĂłsito alguno, como las que se suelen decir para consolar a un niño que llora. Y no porque Pierre estuviese casado, sino porque Natasha notaba que entre ellos dos existĂa aquella barrera moral que no habĂa sentido ante Kuraguin. Nunca habĂa pensado que su relaciĂłn con Pierre pudiera transformarse en amor por parte de ella y aĂșn menos por parte de Pierre, sino ni siquiera en esa amistad tierna y poĂ©tica entre hombre y mujer de la que Natasha recordaba algunos ejemplos.