Guerra y Paz
Guerra y Paz —Escúchame, Drónushka; no me vengas con vaguedades. Su Excelencia el prÃncipe Andréi Nikoláievich me ha ordenado personalmente que salga de aquà todo el mundo y que no se quede nadie con el enemigo. Eso mismo manda el Zar. Quien se quede aquà es un traidor al Zar, ¿lo entiendes?
—Lo entiendo— murmuró Dron sin levantar la vista.
Pero Alpátich no se conformaba con esa respuesta.
—¡Ay, Dron, me parece que mal irán las cosas!— exclamó Alpátich moviendo la cabeza.
—Como mande— dijo Dron tristemente.
—¡Ea, Dron, se acabó!— dijo Alpátich, sacando la mano del chaleco y señalando solemnemente el suelo bajo los pies del stárosta. —No sólo te veo a través y tres varas por debajo de ti, lo veo todo— concluyó, sin dejar de mirar al suelo bajo los pies de Dron.
Dron se turbó; miró de reojo a Alpátich y volvió a bajar los ojos.
—Déjate de tonterÃas y di a los campesinos que se vayan preparando para ir hasta Moscú. Mañana por la mañana deben estar los carros tras el equipaje de la princesa. Y tú no te reúnas con ellos, ¿oyes?
Dron, de pronto, se tiró a los pies del administrador.
—Yákov Alpátich… ¡lÃbrame del cargo! Toma las llaves y lÃbrame, por Cristo te lo pido.