Guerra y Paz
Guerra y Paz —¡Y vosotros, escuchadme!— dijo Rostov, volviéndose a los mujiks. —Idos inmediatamente a vuestras casas y que no vuelva a oÃr ni una sola voz.
—No hemos hecho nada malo a nadie… Fue una estupidez… una tonterÃa… Ya decÃa yo que no estaba bien…— comentaron algunas voces reprochándose mutuamente.
—Ya os lo decÃa yo… ¡No está bien, muchachos!— dijo Alpátich, volviendo a sus funciones.
—¡Por nuestra tonterÃa, Yákov Alpátich!— decÃa la gente.
Y el grupo de campesinos se fue dispersando. A los dos mujiks atados los condujeron al patio de los señores. Detrás iban los dos borrachos.
—¡Eh! ¡Te miro y no te veo!— dijo uno de ellos a Karp.
—¿Acaso se puede hablar asà con los señores? ¿Qué te creÃas tú?
—Eres un imbécil— confirmó otro. —Lo que se dice un imbécil.
Dos horas después, los carros estaban preparados en el patio. Algunos campesinos, muy animados, sacaban de la casa y colocaban el equipaje de los señores, y Dron, puesto en libertad por deseo expreso de la princesa MarÃa, de pie en el patio, daba órdenes a los campesinos.