Guerra y Paz
Guerra y Paz —Dios sabe dónde puede estar, nadie lo sabe— dijo el doctor cambiando una mirada con su joven colega. —Además, el SerenÃsimo lo conoce y lo recibirá gustosamente. Hágalo asÃ, amigo mÃo.
El doctor parecÃa cansado y tener mucha prisa.
—Entonces, cree usted… ¡Ah! QuerÃa preguntarle dónde está exactamente la posición— dijo Pierre.
—¿La posición? Eso no es de mi competencia. Cuando pase Tatárinovo verá que están abriendo trincheras. Suba a la colina; desde allà se ve todo.
—¿Se ve desde all�… Si usted…
Pero el doctor lo interrumpió acercándose a su carretela.
—Lo acompañarÃa, pero le juro que estoy hasta aqu× y señaló la garganta. —Voy corriendo para ver al comandante del cuerpo… ¡Ya sabe cómo se hacen las cosas!… Mire, conde, mañana será la batalla y hay que contar al menos con veinte mil heridos por cada cien mil hombres. Pero ni para seis mil tenemos angarillas, camas de campaña, practicantes, médicos, medicinas. Es verdad que contamos con diez mil carros; pero necesitamos otras cosas. Y asà nos tiene: arréglatelas como puedas.