Guerra y Paz
Guerra y Paz El ayudante de campo, que habÃa entrado en el dormitorio para informarlo sobre el número de prisioneros del dÃa anterior, permanecÃa en la puerta, esperando la orden de retirarse. Napoleón, con el ceño fruncido, miró de reojo al ayudante.
—Point de prisonniers!— repitió las palabras del ayudante. —Ils se font démolir. Tant pis pour l'armée russe…— dijo. —Allez toujours, allez ferme— continuó, encorvándose y ofreciendo sus grasientos hombros. —C'est bien! Faites entrer M. de Beausset, ainsi que Fabvier[410]— dijo al ayudante, despidiéndolo con un movimiento de cabeza.
—Oui, Sire— y el ayudante de campo desapareció tras la puerta de la tienda.
Los dos ayudas de cámara vistieron rápidamente a Su Majestad. En seguida, Napoleón, con su azul uniforme de la Guardia, pasó, con pasos resueltos, a la cámara vecina.
De Beausset preparaba con precipitación el regalo que traÃa de parte de la Emperatriz; lo habÃa colocado sobre dos sillas, frente a la puerta por donde debÃa entrar Napoleón. Pero éste se habÃa vestido tan pronto y habÃa entrado tan de prisa que lo encontró en plenos preparativos.