Guerra y Paz
Guerra y Paz —¡Eh, cuervos!— gritaron otros a los que vacilaban delante de un artillero con la pierna segada por un proyectil. ¿No os gustan nuestras gachas?
—Bien se ve que no les gustan nada— comentaron algunos riéndose de los milicianos.
Pierre se dio cuenta de que después del estallido de cada proyectil y cada baja la animación de los soldados iba en aumento.
Como brotando de una nube borrascosa, se encendÃa en los rostros de todos aquellos hombres cada vez con mayor frecuencia y mayor claridad (como para contrarrestar lo que estaba sucediendo) la luz de un fuego oculto que se avivaba más y más.
Pierre no contemplaba ya el campo de batalla ni sentÃa interés por lo que ocurrÃa allÃ; estaba absorto por completo en la contemplación de ese fuego que iba en aumento y (lo sentÃa) habÃa prendido también en su ánimo.