Guerra y Paz
Guerra y Paz A las diez se replegó la infantería que estaba delante de los cañones, entre las matas y a orillas del riachuelo de Kámienka. Desde lo alto de la batería se los veía retroceder llevando a los heridos sobre los fusiles. Un general llegó al túmulo con su séquito y, después de hablar con el coronel y dirigir a Pierre una iracunda mirada, volvió a bajar del altozano y ordenó a las tropas de cobertura situadas detrás de la batería que se echaran al suelo con el fin de no ser tan vulnerables a los proyectiles. A continuación, a la derecha de la batería, se oyeron redobles de tambor, voces de mando, y los soldados avanzaron.
Pierre miró por encima del parapeto. Le llamó especialmente la atención una cara. Se trataba de un oficial, muy pálido y joven, vuelto de espaldas hacia los soldados, que miraba inquieto en torno con la espada bajada en la mano.