Guerra y Paz
Guerra y Paz —Pues ya ve, querido mÃo. Creo que no ignora que los señores Speranski y Magnitski han sido llevados a lugar conveniente. Lo mismo le ha ocurrido al señor Kliuchárov y a otros que, con el pretexto de construir el Templo de Salomón, tratan de destruir el de su patria. Usted comprenderá que existen razones serias y que yo no habrÃa hecho deportar al jefe de Correos de no haberse tratado de un hombre peligroso. Sé que usted le envió su coche para salir de la ciudad y que además se ha encargado de guardar sus papeles. Lo estimo a usted y no quiero su mal; en atención a los muchos años que le llevo, le aconsejo, como un padre, que corte toda clase de relaciones con esa gente y se vaya de aquà lo antes posible.
—Pero ¿qué delito ha cometido Kliuchárov, conde? —preguntó Pierre.
—A mà me incumbe saberlo y a usted no preguntar— gritó Rastopchin.
—No está probada la acusación de haber difundido las proclamas de Napoleón— dijo Pierre, sin mirar a Rastopchin, —y Vereschaguin…