Guerra y Paz
Guerra y Paz —Nous y voilà [467]— interrumpió Rastopchin frunciendo el ceño y levantando aún más la voz. —¡Vereschaguin es desleal y un traidor que recibirá lo que merece!— añadió el general gobernador con la cólera violenta de las personas que recuerdan un insulto. —Pero no lo he llamado para discutir mis asuntos; lo he hecho venir para darle un consejo o una orden, si le parece. Le pido que rompa toda relación con hombres como Kliuchárov y se vaya de aquÃ. Yo acabaré con las estupideces de esos hombres, sean quienes sean.
Y dándose cuenta, probablemente, de que no tenÃa por qué gritar a un hombre que aún no era culpable de nada, le apretó amistosamente el brazo y continuó:
—Nous sommes à la veille d'un désastre public, et je n'ai pas le temps de dire des gentillesses à tous ceux qui ont affaire à moi. A veces pierde uno la cabeza… Eh bien, mon cher, qu'est-ce que vous faites, vous personnellement?[468]
—Mais rien— replicó Pierre, sin alzar los ojos ni cambiar su expresión pensativa.
Rastopchin frunció el ceño.
—Un conseil d'ami, mon cher. Décampez et au plus tôt, c'est tout ce que je vous dis. À bon entendeur, salut! ¡Adiós, amigo mÃo! ¡Ah, sÃ![469]— gritó ya, desde la puerta. —¿Es verdad que la condesa ha caÃdo en las patitas des saints pères de la Société de Jésus?