Guerra y Paz
Guerra y Paz Pierre no respondió y abandonó, sombrío y disgustado como jamás se lo había visto, la casa de Rastopchin.
Anochecía ya cuando volvió a casa. Habían acudido a verlo unas ocho personas: el secretario del Comité, el coronel de su regimiento, su administrador, el mayordomo y algunos solicitantes. Todos querían exponerle asuntos que él debía resolver. Pierre no comprendía nada de esos asuntos ni le interesaban, y sólo por librarse de las visitas respondió a las preguntas que le hacían. Por último, al quedarse solo, abrió y leyó la carta de su mujer.
“Ellos, los soldados de la batería… El príncipe Andréi muerto… El viejo… La simplicidad es la obediencia a Dios. Hay que sufrir… ensamblarlo todo… Mi mujer se casa… Debo olvidar y comprender…” Sin desnudarse, se dejó caer en la cama y se durmió en seguida.
A la mañana siguiente, al despertarse, el mayordomo le anunció que había venido un policía de parte del conde Rastopchin para enterarse de si había salido de Moscú o pensaba hacerlo.
En el salón había unas diez personas esperándolo: todos necesitaban hablar con él. Pierre se vistió rápidamente y en vez de recibir a las visitas salió a la calle por la puerta de servicio.