Guerra y Paz

Guerra y Paz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Mamita, no es posible. Mire lo que sucede en el patio. ¡Ellos se quedan!…

—¿Qué te pasa? ¿Quiénes son ellos? ¿Qué quieres?

—¡Los heridos! ¡Son los que se quedan! Es imposible, mamita querida, eso no está bien, perdóneme… ¿qué puede importarnos lo que nos llevamos? Fíjese en lo que está ocurriendo en el patio… ¡Mamita, eso no puede ser!…

El conde seguía junto a la ventana y sin volver la cabeza escuchaba a Natasha. De pronto, a punto de llorar, acercó la cara a los cristales.

La condesa miró a su hija, vio su rostro avergonzado, vio su emoción; comprendió por qué el marido no se atrevía a mirarla, y con aire desconcertado miró en derredor.

—¡Ah, haced lo que queráis! ¿Acaso soy yo un impedimento?— dijo, sin ceder aún del todo.

—Mamita, querida, ¡perdóneme!

Sin embargo, la condesa apartó a su hija y se acercó al conde.

—Mon cher, da las órdenes que creas oportunas… yo no sé…— dijo sintiéndose culpable.

—Son los huevos… los huevos los que enseñan a la gallina— dijo el conde con lágrimas de alegría, abrazando a su esposa, contenta de ocultar en su pecho el rostro avergonzado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker