Guerra y Paz

Guerra y Paz

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—Non, monseigneur. Non, monseigneur— dijo, recordando de pronto que Davout era duque, —vous n'avez pas pu me connaître. Je suis un officier militionnaire et je n'ai pas quitté Moscou.[577]

—Votre nom?

—Bésouhof.

—Qu'est-ce qui me prouvera que vous ne mentez pas?[578]

—Monseigneur!— exclamó Pierre, no con voz ofendida, sino suplicante.

Davout levantó los ojos y miró fijamente a Pierre. Estuvieron mirándose durante unos instantes el uno al otro y aquello salvó a Pierre. En aquella mirada, al margen de las condiciones de guerra y del juicio, se estableció entre ambos hombres una relación humana. En aquel breve instante, los dos sintieron de manera vaga una infinita cantidad de cosas: comprendieron que ambos eran hijos de la humanidad, que eran hermanos.

Antes de levantar los ojos de aquel montón de papeles en los que se clasificaban numéricamente todos los actos y las vidas humanas, Pierre no era para Davout más que una circunstancia; lo habría mandado fusilar sin creer que cometía una mala acción; pero ahora había visto en él al hombre. Se quedó un instante pensativo.

—Comment me prouverez-vous la vérité de ce que vous me dites?[579]— volvió a preguntar fríamente.


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