Guerra y Paz
Guerra y Paz Cuando el hoyo estuvo cubierto de tierra se oyó una voz de mando. Llevaron a Pierre a su sitio y las tropas que habían formado a ambos lados del poste dieron media vuelta y desfilaron ante él. Los veinticuatro tiradores, con sus fusiles descargados, se incorporaron a paso ligero a sus puestos mientras las compañías desfilaban ante ellos.
Pierre miraba ahora con ojos inexpresivos a los tiradores, que, de dos en dos, salían del círculo. Todos, excepto uno, se unieron a sus compañías. Un joven soldado, pálido como un muerto, con el chacó ladeado y el fusil apoyado en el suelo, se quedó frente al hoyo cubierto, en el sitio desde donde había disparado. Se tambaleaba como un borracho y daba pasos adelante y atrás, para mantener el equilibrio. Un viejo suboficial salió de las filas, lo cogió por el brazo y lo hizo volver con los demás. La muchedumbre de rusos y franceses se fue dispersando. Todos caminaban en silencio con las cabezas bajas.
—Ça leur apprendra à incendier[582]— comentó un francés. Pierre se volvió hacia el que había hablado; vio que era un soldado que quería consolarse de algún modo por lo que habían hecho, pero no podía. Sin terminar la frase, el soldado hizo un gesto de desaliento y se fue.