Guerra y Paz
Guerra y Paz —No importa, es usted joven… Dios se los dará, ya vendrán. Lo principal es vivir de acuerdo…
—Ahora me da lo mismo— dijo involuntariamente Pierre.
—¡Eh! ¡Querido amigo!— repuso Platón. —Nadie puede estar a salvo de la pobreza y la cárcel.
Se sentó cómodamente y carraspeó como preparándose para un largo discurso.
—Yo vivÃa en mi casa, amigo mÃo— comenzó. —La hacienda de los señores era rica; tenÃa muchas tierras; los mujiks vivÃan bien, no podÃamos quejarnos. Mi padre trabajaba en su propia parcela. VivÃamos bien, como verdaderos cristianos. Pero un buen dÃa…
Y Platón Karatáiev contó una larga historia de cómo un buen dÃa fue a un bosque vecino para cortar leña y el guardabosque lo habÃa sorprendido en plena faena. Lo azotaron y condenaron a servir en el ejército.