Guerra y Paz
Guerra y Paz —¡Vaya con el tÃo listo! ¡Por el frÃo! Entonces hacÃa calor. Si hubiera sido por el frÃo, tampoco los nuestros olerÃan; pero, según dicen, si te acercabas a uno de los nuestros lo encontrabas podrido de gusanos. Según un mujik tenÃan que taparse la nariz y la boca con un pañuelo y, volviendo la cara, se los llevaban; no podÃan resistir el olor. Y ellos, en cambio, seguÃan blancos como el papel y no olÃan mal.
Todos callaron.
—Será por la comida— aseguró el sargento. —JalarÃan lo que sus amos.
Nadie objetó nada.
—El mujik ese de Mozhaisk, donde hubo la batalla, contaba que juntaron gente de diez aldeas para recoger a los muertos; lo hicieron durante veinte dÃas y no dieron abasto; muchos ahà se quedaron y era de ver la cantidad de lobos…
—Aquélla sà que fue una verdadera batalla— lo interrumpió un viejo soldado. —Digna de ser recordada. En cambio, desde entonces nada… no más que sufrimiento para la gente.