Guerra y Paz
Guerra y Paz Ignoraba el motivo de tener que proceder de ese modo, pero sentía la necesidad de hacerlo. Sus rentas disminuirían en tres cuartas partes, pero había que obrar así.
Villarski salía para Moscú y determinó irse con él.
Durante toda su convalecencia en Orel, Pierre había experimentado la alegría de la libertad y de la vida; ese sentimiento fue aumentando a lo largo del viaje, cuando se encontró al aire libre y fue viendo caras nuevas y conocidas. Durante todo aquel viaje sentía la misma alegría que el escolar durante las vacaciones. Todos los rostros, desde el postillón hasta el maestro de postas y los campesinos, tenían para él un nuevo sentido. La presencia y las observaciones de Villarski, que se lamentaba de la pobreza de Rusia, de su ignorancia y su atraso con respecto a Europa, no hacían más que estimular la alegría de Pierre. Donde Villarski veía el soplo de la muerte, Pierre veía una prueba de extraordinaria vitalidad, una fuerza que en medio de la nieve sostenía allí la vida de aquel pueblo unido, peculiar y único. No discutía las opiniones de Villarski; parecía estar de acuerdo con él (ya que esa conformidad fingida era el camino más corto para evitar discusiones que a nada conducirían); y mientras lo escuchaba, sonreía alegremente.