Guerra y Paz

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—¡Hola, Telianin! ¡Buenos días! ¡Me han desplumado esta noche!— oyó decir a Denísov desde la otra habitación.

—¿Dónde? ¿En casa de Bikov, en casa de la rata?… Me lo imaginaba— respondió una voz aguda; seguidamente en la habitación donde estaba Rostov entró un oficial de su escuadrón, el teniente Telianin.

Rostov guardó la bolsita bajo la almohada y estrechó la mano pequeña y húmeda que le tendía el recién llegado. Telianin, poco antes de la campaña, fue expulsado de la Guardia por razones que se desconocían. Su comportamiento en el regimiento era excelente, pero no lo querían, especialmente Rostov no podía vencer ni ocultar la repulsión inmotivada que aquel oficial le producía.

—¿Qué tal joven caballero? ¿Qué tal con mi Grachik?— preguntó (Grachik era un caballo de silla vendido por Telianin a Rostov).

El teniente no miraba nunca de frente a su interlocutor; sus ojos vagaban sin descanso de un objeto a otro.

—Lo he visto cuando pasaba…

—No está mal, es buen caballo— respondió Rostov, aunque aquel caballo, por el cual había pagado setecientos rublos, no valía ni la mitad. —Empieza a cojear un poco de la izquierda delantera— añadió.

—Se le habrá agrietado el casco, pero no es nada; le enseñaré a poner el remache.


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